¿Cómo actúas cuando te disgusta algo de tu pareja?

Una vez que hemos superado la fase del enamoramiento impulsivo sobreviene la época de amor maduro donde reconocemos en nuestra pareja las fallas que quizás no habíamos notado. Mientras dura la relación suelen reconocerse temas recurrentes de discusión como el dinero, la familia del otro, los celos, la necesidad de cambiar a la persona que amas o el deseo continuo de tener la razón. Ante estas situaciones cada individuo puede manifestarse de distintas maneras. Las reacciones pueden incluso amenazar tu relación como la actitud defensiva basada en sostener los argumentos para proteger su posición, las posiciones críticas que señalan en el otro el origen de los problemas, tomar una postura obstruccionista  que impide  el desarrollo natural de una discusión o tornarse despectivo.

Cualquiera de estos caminos acercará la relación a un peligroso precipicio. Una pareja debe ser entendida como una sociedad en la cual no se busca demostrar la validez de un punto sino evaluarlo para mejorar su rendimiento. Como toda sociedad se asume que los miembros son responsables de las decisiones tomadas donde el resultado es consecuencia de todos los integrantes y no uno solo. Obstruir el normal desarrollo de una discusión puede traer graves problemas y nos habla de evasión de conflictos que ameritan atención y resolución. Sin embargo, la actitud despectiva está reconocida como la más infame de las respuestas.

Frases como “Sí, ajá… y tú qué sabes?” deben ser evitadas. Los sarcasmos, preguntas arrogantes y gestos displicentes denotan desprecio por la contraparte. Este desprecio pocas veces puede ser arreglado con una disculpa ya que va creando mella en la autoestima del destinatario, haciéndolo desconectarse de sí mismo y la pareja. Está demostrado que recibir este tipo de trato debilita nuestro sistema inmunológico sin mostrar preferencia por ningún sexo. Es decir, todos somos propensos a tornarnos despectivos o a sufrir las consecuencias.

¿La solución? Conversa tus emociones en primera persona. Sustituye el “tú no sabes nada” por él “me siento inseguro y asustado.” Reformula las frases en primera persona y verás la magia de la empatía surgir. Acompaña esta técnica con una maniobra hermosa: recuerda la importancia de tu pareja y comunícala. Cuando realices reproches o necesites justificaciones incluye reconocimientos también. Se trata de equilibrar las emociones generadas durante la discusión para que el balance no termine siendo negativo sino constructivo.

Libérate de la necesidad de tener la razón, cuéntanos cuál posición crees que tomas al discutir. ¿Consideras que es la ideal?

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