10 manías, un poco obsesivas, que todos tenemos.

  • Ordenar los billetes.

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Deben estar en la misma dirección, mirando en el mismo sentido y si están separados según su denominación muchísimo mejor.  Este apartado divide al mundo en dos tipos de personas: las que catalogan los billetes y las que, para posterior vergüenza, entregan un manojo de dinero en absoluto caos.

  • Leer las revistas de atrás hacia adelante.

Young woman at bookstall with magazine, mid section

Hay que aceptarlo, las revistas deberían traer su principal publicidad en la parte de atrás y no adelante. Miles de infractores de las buenas costumbres se harían consumidores con esta medida. El placer culposo de leer una revista banal y comenzarla por la última página es la mayor rebeldía de muchos domingos.

  • Voltear la almohada durante la noche.

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El que lo hace sabe lo que significa cambiarse del pegajoso y tibio lado de la almohada que ya se ha mancillado durante gran parte de la noche, al glorioso y fresco  lado contrario.  Es comenzar a disfrutar de una nueva velada.

  • Abrir las notificaciones de Facebook.

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No importa cuánto te lo recuerde Facebook, nunca vas a felicitar a nadie por su cumpleaños, ni te enterarás del mensaje que te enviaron hace 7 días, ni aceptarás esa solicitud de amistad. A veces solamente te encargas que el numerito en rojo desaparezca de tu vista y luego olvidas chequear las 17 notificaciones una por una (a menos que se trate de ESE mensaje, claro está).

  • Se empieza por los bordes.

Los sándwich, las galletas, las hamburguesas, todo lo que se coma y esté rodeado de algo debe ingerirse siguiendo un estricto patrón. De adentro hacia afuera, el corazón es la última parte. ¿Que estás haciendo un desastre? No importa, hay un patrón y hay que cumplirlo (ya aquí todo comienza a pasar de inocentes hábitos a un ligero coqueteo con los patrones obsesivos-compulsivos)

  • Chequear todo.

¿Algo se quedó? ¿No cerré la puerta? ¿Apagué las luces? ¿Se escapó el perro en estos 10 segundos que abrí la puerta de la casa? Algunas veces útiles, otras veces absolutamente molesto, chequear es una manía común porque es fácilmente reforzada cada vez que volteas a ver la mesa del restaurant y está la chaqueta de algún amigo que se dispone felizmente a dejar el local (y te sientes como el héroe más grande de la noche)

  • No poder dormir en camas desordenadas.

Si la sábana no está cubriendo por completo el colchón ¿por qué alguien podría desear si quiera recostarse en semejante inmoralidad?

Escribir por whatsapp una palabra equivocada.

Y luego corregirlo antes que se desate el caos del universo. ¡Oh! El asterisco, el más grnde salvador.

Grande*

 

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  • Las pastillas que vienen en blíster son para consumir ordenadamente.

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Si una caja de medicinas trae dos blisters, primero se termina con uno y luego comienzas con otro. Ver dos blisters enteros pero que falte una pastilla de cada uno en lugares distintos podría volverte loco.

  • Las pizarras sucias pueden hacer que tu rendimiento se vea altamente disminuido.

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Profesor, ¿quiere que limpie la pizarra? No es que seas lisonjero, es que no puedes ver una clase con un pizarrón que conserve vestigios de la lección anterior.

Siempre que no limiten mucho tu vida cotidiana, algunas manías son inocentes y te hacen inclusive único. Tus amigos las  alimentan haciéndote regalos especiales porque te conocen y saben lo que te hará feliz o se vuelven tema recurrente en reuniones familiares.  Una forma de no dejarlas que se adueñen de ti es ser flexible y saber que habrá momentos en los cuales no podrás acomodar ese cuadro que está torcido en la oficina de tu jefe.

 Seguramente descubriste que tenías una de estas manías. ¿Nos falta alguna?

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